El encuentro entre **Roberto Rodrigo** y **Chema Pastor** nace de una afinidad profunda en torno a la escucha y a la exploración del sonido como materia abierta. Este trabajo a dúo se sitúa en el territorio de la improvisación libre, un espacio donde la música no se concibe como una estructura cerrada ni como la reproducción de un lenguaje establecido, sino como un proceso que se construye en el mismo momento en que sucede.
En este proyecto, Roberto Rodrigo trabaja con **electrónica**, desarrollando texturas, resonancias y procesos sonoros que amplían el campo tímbrico del dúo. Su enfoque se mueve entre la generación de paisajes electrónicos, la manipulación en tiempo real y la creación de espacios sonoros en constante transformación. La electrónica no aparece aquí como un acompañamiento ni como un simple recurso técnico, sino como una voz plenamente integrada en el diálogo musical.
Por su parte, **Chema Pastor** aborda el proyecto desde la **batería y la electrónica**, combinando la fisicidad del instrumento acústico con la expansión que ofrecen los dispositivos electrónicos. La batería se despliega más allá de su función rítmica tradicional para convertirse en un instrumento de exploración tímbrica: fricciones, resonancias, ataques mínimos y gestos sonoros que se mezclan con procesos electrónicos, generando un campo de interacción dinámico y abierto.
El dúo se basa fundamentalmente en la **escucha compartida**. Cada sonido surge como respuesta a lo que está ocurriendo en el momento, y cada gesto se integra en un flujo musical que se transforma continuamente. No existe un plan previo ni una estructura determinada: la forma emerge del propio desarrollo de la improvisación, de las tensiones, silencios y energías que se producen durante la interacción.
Esta manera de trabajar sitúa al oyente en un espacio particular. La música no propone una narrativa lineal ni una jerarquía clara entre los elementos, sino un **territorio sonoro en permanente construcción**, donde los detalles, las microvariaciones y las texturas adquieren un papel central. El tiempo musical se expande y se contrae, permitiendo que los sonidos respiren y se desarrollen con libertad.
En este contexto, la **electrónica** desempeña también un papel espacial. Las capas sonoras pueden aparecer como superficies densas o como presencias casi invisibles, generando profundidades y perspectivas que dialogan con la materialidad de la batería. A veces el sonido se sitúa en primer plano; otras veces se diluye en un fondo casi imperceptible, creando una sensación de movimiento continuo dentro del espacio acústico.
El resultado es una música que oscila entre la **abstracción y la presencia física del sonido**. Los golpes, las resonancias metálicas, los impulsos eléctricos y las texturas digitales conviven en un mismo plano, creando una topografía sonora rica y cambiante. Cada improvisación se convierte así en una especie de cartografía momentánea: un mapa que sólo existe durante el tiempo de su ejecución.
Este trabajo a dúo refleja también una forma de entender la creación musical basada en la **confianza y la apertura**. Improvisar implica aceptar la incertidumbre, permitir que el sonido tome direcciones inesperadas y asumir que la música se construye colectivamente, más allá de las decisiones individuales.
La publicación de este proyecto dentro del catálogo de **lA tAtUcErA** responde precisamente a esa voluntad de documentar procesos de creación ligados a la improvisación libre y a la experimentación sonora. El sello funciona como un espacio de encuentro donde distintos músicos pueden compartir sus investigaciones y dejar constancia de prácticas musicales que, por su propia naturaleza, son efímeras.
Este dúo entre Roberto Rodrigo y Chema Pastor se inscribe en esa línea: una exploración abierta del sonido, un diálogo entre acústico y electrónico, y una búsqueda constante de nuevas formas de escucha. Cada pieza es el resultado de un momento irrepetible, una conversación sonora que sólo puede existir en el instante en que se produce y que, gracias a esta grabación, queda fijada como testimonio de ese encuentro.
